
Julita es habitante de la capital mirandina, pero toda su familia vive en Cumaná. Aunque solía viajar cada seis meses al oriente del país ligera de equipaje, ahora traslada consigo dos pesadas maletas. En la pequeña comprime su ropa y en la otra alimentos.
No es que ella sea mañosa y no le guste lo que le dan de comer en casa ajena, sólo que la escasez de productos básicos afecta con más fuerza el interior del país, donde, según cifras ofrecidas por voceros de Fedecámaras, ronda el 85 %.
“En Los Teques todavía se consiguen las cosas después de hacer colas de hasta cuatro horas, llevar sol o lluvia, pero llega la harina de maíz precocida al menos cada 20 días, pero mis hermanas me dicen que en Cumaná no saben lo que es eso desde hace tres meses, comprometiendo las arepas del desayuno y la cena”, relató la ama de casa que este año ha tenido que viajar con mayor frecuencia para llevar productos a sus parientes.
“Evidentemente hay problemas de abastecimiento en todo el país, pero hay lugares donde se siente con más fuerza”, añade la entrevistada, lo que coincide con los datos arrojados por Jorge Roig, presidente de Fedecámaras, durante su conferencia dictada en la Universidad Nacional Experimental del Táchira, denominada “Nuestro compromiso con Venezuela”, donde mencionó que la ciudad más abastecida del país (con un 65 %) es Caracas, mientras que en el interior la cifra alcanza el 85 %, cuando en otros países el número tope de desabastecimiento alcanza el 5 %, lo que se traduce en que “de cada 100 veces que vas al mercado, 85 veces no encuentras el producto”.
Comida rueda que rueda
La situación actual ha dado lugar al fenómeno de trasladar alimentos en los autobuses para llevarla a otros estados, a riesgo de ser detenidos por efectivos castrenses quienes decomisan estos encargos. “Tengo vecinos que me han contado que les han quitado el mercado cuando llevan varias unidades de un mismo producto porque lo ven como contrabando de mercancía, así que cuando voy a Barquisimeto a visitar a mi hermana le llevo un pote de cada producto”, relató Miguel Mejías.
–Antes aprovechaba y en un viaje le llevaba 6 paquetes de harina, tres aceites, dos detergentes, pero después de varios cuentos similares la llamé y le dije que le llevaría menos para no arriesgarme a ser detenido (…) es impresionante lo que hay que hacer ahora para hallar productos que se supone que son básicos.
Lista que se extiende
Lo que empezó con la “desaparición” de algunos productos puntuales como el papel higiénico se ha extendido a cerca de una veintena de productos que llegan de manera intermitente a los anaqueles. “Ya no se sabe lo que es leche en polvo, café, sardinas, carne regulada, pollo entero, mantequilla, mayonesa, aceite, azúcar, champú, acondicionador ni toallín”, refirió una molesta Gloria Meléndez, quien este miércoles hizo en vano dos horas de cola para comprar detergente en polvo y suavizante que llegó a un abasto en las inmediaciones de la avenida Bolívar.
–Estoy cansada de perder el tiempo para comprar cualquier cosa. No conforme con que uno tiene que hacer cola, a veces pasa que cuando te toca el turno de comprar te dicen que no hay más; es una realidad frustrante. Ahora hay que hacer cola en el supermercado, la perfumería y hasta en la farmacia, donde es un milagro hallar lo que uno está buscando. Lo peor es que cada semana desaparece un nuevo artículo.
Atrás traspiés
Basados en su compromiso con Venezuela, Fedecámaras propone un cambio de dirección urgente en las políticas económicas a propósito de generar confianza en el sector público y privado, eliminar obstáculos así como controles directos y apoyar la producción hecha en Venezuela.
La directiva de la organización que agrupa a más de 350 cámaras en todo el territorio nacional y cuenta con 70 años de trayectoria apunta a eliminar las trabas innecesarias que restan eficacia a través de, por ejemplo, la reducción de la burocracia y simplificación de trámites; eliminación de mecanismos que han empeorado, en lugar de mejorar el bienestar de los venezolanos; dar garantía de infraestructura básica así como servicios públicos y crear puestos de empleo.
Mientras se llega a un consenso entre todos los sectores involucrados, las amas de casa se las siguen ingeniando para acceder a los productos básicos, lo que incluye desde trasladar los artículos de un estado a otro hasta hacer compras y cambalaches virtuales.
Johana Rodríguez – [email protected] / @michellejrl







