Actualidad 26/04/2021 8:33 pm

Se conmemora accidente nuclear de Chernóbil

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Han pasado 35 años desde que comenzó el peor accidente nuclear que ha habido hasta ahora en el mundo. En la noche del 26 de abril de 1986, el reactor número 4 de la planta de energía de Chernóbil se salió de control durante una prueba a baja potencia. La planta explotó y el edificio se incendió. La edificación quedó en ruinas y una nube de material radioactivo iluminó el cielo. Aun así, las autoridades soviéticas ni siquiera les avisaron a los habitantes de la ciudad más cercana a la planta -Pripyat- y estos siguieron durmiendo sin tener certeza de qué habían visto. Las primeras reacciones llegaron en la tarde del día siguiente, cuando los trabajadores de la planta y los cerca de 50.000 habitantes de Pripyat fueron evacuados. Pero los dos millones de residentes de Kiev, hoy la capital de Ucrania, seguían sin tener idea de qué estaba pasando.

De hecho, la primera alerta de los altos niveles de radiación llegó desde el norte de Suecia, concretamente desde la planta de Forsmark, a más de 1.100 kilómetros de Chernóbil. Como si fuera el guión de una película, el 28 de abril de 1986, uno de los empleados de la planta de energía nuclear regresaba del baño cuando pasó junto a uno de los monitores de radiación y vio los niveles alterados. Los números aumentaban más cuando monitoreaban los zapatos del trabajador. Inicialmente, creyeron que había un accidente en Forsmark, pero después de analizar las partículas determinaron que esta era la clase de radiación que había en las plantas nucleares soviéticas. La información coincidía con el comportamiento del clima: justo ese fin de semana el viento había soplado desde el sureste y había llovido, por lo que las partículas terminaron en el suelo y se concentraron en los zapatos del empleado.

“Gracias a nuestra detección temprana, pudimos informar a las autoridades suecas, quienes luego informaron al mundo sobre la contaminación radioactiva proveniente del desastre en la Unión Soviética”, dijo Claes-Göran Runermark, el gerente de operaciones a cargo en ese momento, en una entrevista con el medio oficial del Parlamento Europeo. Finlandia y Alemania también reportaron altos niveles de radioactividad. Y solo después de eso, el mismo 28 de abril, las autoridades soviéticas informaron escuetamente a través de los canales oficiales de televisión lo que había ocurrido. “Hubo un accidente en la central de energía de Chernóbil y uno de los reactores resultó dañado”, rezaba el comunicado. El intento por contener la radiación de Chernóbil y los miles de afectados posteriores Finalmente, más de 100.000 personas fueron evacuadas de los alrededores y se estableció una zona de exclusión de 2.600 kilómetros cuadrados. Los únicos que podían entrar eran los trabajadores que desechaban el material radioactivo y construían lo que se conoció como el “sarcófago” para cubrir el reactor dañado, todo en una carrera contrarreloj para evitar que la radiación se propagara aún más. La idea era que la estructura de hormigón y acero contuviera dentro todo el material radioactivo que no pudieran depositar en los desechos que construyeron después del accidente.

Pero para muchos ya era tarde. Por lo menos 38 personas, entre trabajadores de la planta y los bomberos que acudieron al lugar, murieron durante los tres meses posteriores al desastre. Casi todos fallecieron por enfermedades agudas causadas por la radiación y uno a causa de un paro cardíaco, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Todavía se debate cuántas personas resultaron afectadas después por la radiación a la que estuvieron expuestos y que provocaron enfermedades como cáncer. El OIEA estima que hay al menos 1.800 casos documentados de niños con cáncer de tiroides que tenían entre 0 y 14 años cuando ocurrió el accidente. Esto sin contar los suicidios y los problemas de alcoholismo, que se incrementaron después del accidente. “Los efectos psicológicos de Chernóbil fueron y siguen siendo generalizados y profundos”, aseguró la OIEA. Además, es una incógnita cuántas personas por fuera del territorio ucraniano pudieron verse afectadas, pues la radiación se extendió por varios países soviéticos e incluso llegó hasta naciones escandinavas, como Suecia y Finlandia.

En las tres primeras semanas después del accidente, allí se encontró cesio y otros isótopos radioactivos que fueron arrastrados por el viento desde Chernóbil. Además, 150.000 kilómetros cuadrados en Belarús, Rusia y Ucrania están contaminados, según la OIEA. A pesar de lo mucho que se dispersó la radiación, “ningún estudio ha podido señalar un vínculo directo entre Chernóbil y un mayor riesgo de cáncer u otros problemas de salud fuera de las repúblicas inmediatamente afectadas de Ucrania, Belarús y la Federación de Rusia”, puntualizó el organismo nuclear. Hasta el año 2019, hubo filtraciones de radiación. La única manera de contenerlas fue la nueva estructura que crearon para reemplazar el “sarcófago”, que se deterioró con los años, generando una “situación potencialmente peligrosa”, en palabras de la OIEA.

Con información de: https://www.france24.com

 

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