Carlos A. Romero
A las puertas de una escasez de divisas, alta tasa de inflación y un magro crecimiento económico
La situación económica de Venezuela genera mucha discusión, diferentes opiniones y variados pronósticos.
A pesar de esas divergencias en el análisis, hay algunos datos tangibles y certeros: 1) se está llegando a un punto límite del cual puede generarse una verdadera crisis si no se reacomodan las bases e instrumentos de la política económica; 2) el modelo rentista y de distribución estatal está colapsado; 3) la sociedad venezolana exige más y más, no acepta un plan de ajuste y está molesta con la evidente regresión económica del país.
El cuadro macroeconómico indica que se está a las puertas de una crisis en la balanza de pagos, ante una escasez de divisas, una alta tasa de inflación y un magro crecimiento económico.
La mayoría de los economistas de la oposición piensan que el problema principal es cómo recuperarse del fracaso de un modelo de economía centralizada. Para los economistas oficialistas la planificación y el control público de la economía limitarían esos signos negativos.
El Gobierno está tratando de dar una respuesta coyuntural que frene un poco la actual situación explosiva. Se intenta obtener préstamos en efectivo y se acaricia la posibilidad de volver a endeudarse con papeles financieros; se está ensayando la posibilidad de abrir un tercer mercado de divisas y se están facilitando los trámites administrativos en las diferentes fases comerciales: puertos, seguros, certificados, distribución y precios, a fin de aligerar la nacionalización de las importaciones y suplir a tiempo los bienes y servicios requeridos.
Los representantes gubernamentales han insistido en que con la creación del Órgano Superior para la Defensa de la Economía y la aplicación de esas medidas anticíclicas se va a evitar una catástrofe, que según ellos es el producto de la conspiración permanente de la empresa privada y del imperialismo. Desde luego que nadie cree en ese argumento. La verdad es muy simple: «el que siembra vientos, cosecha tempestades».







