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Opinión 21/08/2015 11:45 am

La vuelta al mediocre

Y en el blasón de la testa del guerrero no queda la marca del contrincante, sino la de aquél que fundió mal su casco. Queda la del escritor que lleva a su protagonista a una muerte predecible y fantasiosa por ponerle punto y fin a su obra. El mediocre no vuelve su existencia sino contra sí mismo… y aquél que sabe del Poder de la mediocridad, vuelve su vida una bíblica recreación de Moisés para abrir paso a la esclavitud. El mediocre va por la vida en un bote agujereado y reclama al océano por haberlo dañado.

Busco dar en estos momentos la vuelta al mediocre para poner frente a la población al hombre de altura, al hombre Futuro. Desde la Resistencia hemos sentenciado tajántemente que nuestros enemigos son la mediocridad y la ignorancia. Por ello, hoy nuestro martillo dará forma a lo que es mediocre en el contexto político-cultural y cómo ello afecta la vida del hombre. Desenmascaremos, entonces, a los peregrinos de la ignominia que atentan contra nuestra Libertad y Soberanía.

En estos momentos, lo individual marca – aún más –  la pauta, en vez del sinsentido de las masas perfectas. No existe tal cosa como la equidad total y plena en la sociedad: lo que sí existe es la singularidad de la persona en la estructura humana más remota. Pero, al llegar al lodo social, donde las características personales se rechazan, encontramos al «hombre sin biografía». Éste sigue los parámetros que los demás imponen, aun cuando lo perjudican individualmente.

Tomando la corriente de Ortega y Gasset, éste ser vegetativo rechaza la diferenciación natural del individuo en la sociedad, sobreponiendo la ávida homogeneidad acarreada por un bienestar generalizado; pero éste aun así, es insolidario con las causas de ese estado y ni siquiera trabaja para mantenerlo. Así, naturalmente apresura el devenir del orden público, estabilidad política y demás; fomentando un nuevo estado totalmente ajeno a su experiencia social y «conocimiento-positivista-de-esclavo» (receptor y continuador de la herencia). El mediocre se cree único, pero es dependiente intelectual y existencialmente;  si su felicidad se ve en juego a cambio de aceptación, éste la sacrificará, y si obtiene un beneficio de ello, será ingrato con él.

El hombre mediocre, es ajeno a su mismo hilo intelectual y no puede moldear ideales que transformen su convicción a la acción. Su único «conocimiento» es el que recibe por tradición y no por voluntad. La ética la encuentra prepotente ante la cuasi-deidad que significan las masas puesto que, el camino que ella sigue, «debe ser el correcto» sólo porque alguien más lo camina. Es obtuso al debatir, soslayando cualquier corriente alterna a la que le han infundado; porque no cree en la relatividad de la cosmovisión. Para él sólo existe una opción: la de los demás.

Este hombre sin personalidad, bajo la discursiva marxista debe su miseria al “burgués que explota” y no a las consecuencias de sus decisiones. El hombre es la síntesis entre razón y pasión. En esa convergencia florece su postura a la vida y, esta última puede o no ser sinónimo de grandeza. Trasladándonos a un plano ideológico, el marxismo execra y condena esto: mantiene que el hombre es mera «necesidad» y si alguien atenta contra ese instinto caníbal, busca subyugarlo a la «explotación».

Ciertamente, el hombre ha sido el blanco de la Izquierda – el mediocre, mayormente –; un gran ejemplo de ello es la teoría de dominación y hegemonía de Gramsci. La cultura forjada mediante la aplicación de un control sistemático de la educación, medios de comunicación e instituciones religiosas bajo un ideario de esclavitud y rechazo a los fenómenos humanos, es la alcantarilla que transitan ellos para deformar la Vida y volverla mera existencia. Al penetrar en la cultura e ideales del individuo, se lleva a aguas igualitaristas y se sumerge en una alteración de valores y virtudes, donde es mejor «dar que recibir», la «pobreza que la riqueza», o peor: «mejor ignorantes todos, que una porción atenta»; y finalmente, se obtiene como producto al fiel revolucionario.

Así, volviendo la distinción de «esfuerzos» en lo que ellos denominaron «diferencias de clases sociales», la vida se convierte en un constante resentimiento para con aquél que se exige más – aun cuando no cristalice un ideal –. Ahora, retrotrayéndonos a nuestro contexto, esto es tan cotidiano como la acentuación de la decadencia a cada segundo. La vileza que se esconde entre los dogmas e ideologías ha azotado nuestra nación de tal manera que algunos prefieren que el «menos» mediocre haga su trabajo, en vez de llevarlo a cabo con sus propias manos.

Venezuela está tomada por asalto por mediocres, quienes son defendidos sistemáticamente por hombres inferiores, creando un constante fomento de la mediocridad masiva. Ingenieros define al «hombre inferior», como una bazofia igual o mayor al mediocre por el hecho de que se considera capaz de algo, cuando en realidad sólo emula – similar al hombre cristiano –. Hoy, nos encontramos ante una élite de mediocres e inferiores en el Poder – unos fuera; otros dentro de él –, con algo sumamente determinante para nuestro país: la maldad del pasado con el potencial del futuro. Conquistaron primero la moral, luego secuestraron el Estado y así esclavizaron a las personas.

No hay peor miseria que la intelectual, pero para las élites decadentes es un oasis. Necesitan de una mente insegura y sometida al pasado, a lo seguro, a lo cotidiano, por el temor. Rebasan la estupidez para calar en la desesperación del ciudadano, única víctima de todo este embrollo. Venezuela desde hace más de medio siglo está amordazada por la ignorancia y la mediocridad, que lentamente fueron socavando la integridad del hombre para ser aplastado por su misma comodidad.

Pero, también esta Nación cuenta con una serie de personas dispuestas a apostar todo su intelecto en lo que le tatuó estas tierras. Venezuela hoy está liderada por mediocres, pero pronto, muy pronto, será de altura, señorial. Hay que quebrar toda vinculación con los mediocres para renacer y revitalizar la visión de la Vida: sólo así un hombre puede cambiar un país. Seamos los creadores de la Venezuela Futura.

¡Libertad o nada!

Por @RafaelValera_ de @VFutura

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