Opinión 03/11/2019 6:37 am

Cuando las protestas funcionan

Si SE acepta el axioma que dice que en la política “el poder nunca es dado, siempre es tomado”, la conclusión obvia es que los movimientos no violentos han triunfado porque, de algún modo, ejercieron un poder mayor al de sus oponentes.  Tienen “una fuerza más poderosa” que las armas

María Gabriela Mata Carnevali

Desde el 22 de febrero de 2019, el pueblo argelino retomó
las calles en un movimiento histórico contra las intenciones de Abdelaziz
Bouteflika de literalmente “morir” aferrado al poder y no las ha abandonado a
pesar de su renuncia formal en abril, pues aspira a una verdadera democracia.
Algo parecido sucedió en Sudán en contra de Omar al Bashir.

Las protestas en Hong Kong que se iniciaron en junio en
contra de una legislación propuesta para permitir la extradición de personas a
la China continental, algo que hizo que muchos temieran por la independencia
judicial de la ciudad y la vida de los disidentes, lograron su cometido. La
norma fue retirada. Y las manifestaciones se mantuvieron para exigir una investigación
sobre las denuncias sobre los presuntos excesos represivos de la policía y más
democracia.

El paro de octubre en Ecuador finalizó con Lenín Moreno
derogando el polémico Decreto 883 que eliminaba el subsidio a los combustibles.

Como estos casos, muchos otros con menos cobertura. La
historia, que normalmente leemos como una sucesión de conflictos armados, tiene
otra cara: una cronología de luchas no violentas con protagonistas y causas tan
diversas como la humanidad misma. Según una reconocida base de datos de la
Universidad de Denver, su porcentaje de éxito, a pesar de una pequeña remisión
en los últimos años, es casi el doble del de fracaso (Stephan and Chenoweth,
2015).

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo se explica su mayor eficacia
relativa? Si aceptamos el axioma que dice que en la política “el poder nunca es
dado, siempre es tomado”, la conclusión obvia es que los movimientos no
violentos han triunfado porque, de algún modo, ejercieron un poder mayor al de
sus oponentes.  Tienen “una fuerza más poderosa”
que las armas.

He aquí la clave para comprender que el poder del que
hablamos no es el poder definido en términos tradicionales como monopolio de la
fuerza, bruta o no. Las teorías alternativas han ampliado el concepto de poder
centrándose en sus aspectos relacionales y en la fuerza de los débiles,
promoviendo la idea de un poder “pluralista”, que se contrapone a aquella de un
poder “monolítico”, fijo, del cual solo cambian sus representantes ubicados en
el tope de la pirámide social.

Se considera que, en última instancia, el poder reside en el
consentimiento de la gente común, ubicada en la base, a someterse a
determinadas reglas. Y que cada una de esas personas, en cualquier momento,
puede cambiar de parecer y negarse a obedecer, ejerciendo, individual o
colectivamente, la cuota de poder que le es inherente.  Así, el poder deja de ser una cosa rígida que
«pertenece» a una minoría y puede ser redistribuido tantas veces como sea
necesario.

Esto se vincula con la visión constructivista de la Paz, la
cual no se equipara con la ausencia de conflictos de intereses, inevitables en
sociedades complejas, sino con la resolución pacífica de los mismos (Galtung,
1996).

La paz de Maduro es una paz negativa, que apunta a la
supresión de los conflictos sin cambiar en nada el escenario de violencia
estructural. La paz a la que aspiramos pasa por la resolución de esos
conflictos mediante la superación negociada de todo tipo de violencia, una paz
positiva, nacida del consenso. La resistencia civil está moldeando sociedades y
gobiernos alrededor del mundo. ¡Adelante, Venezuela!

RECUADRO

Un poco de historia

Los movimientos exitosos no solo les dicen a las personas
que son poderosas, sino que demuestran el poder de la gente al establecer
objetivos claros y alcanzables para luego documentar y difundir sus
victorias.  Estas al inicio pueden ser
limitadas, pero suelen tener un efecto inflamable.

Por ejemplo, el movimiento por los Derechos Civiles de los
EE.UU. comenzó por combatir la segregación en los autobuses de Alabama entre
1955 y 1956 y en terminar con la segregación de los mostradores de las
cafeterías de Nashville. La campaña de Gandhi en India entre 1930 y 1931 enfocó
sus esfuerzos en boicotear las Leyes de la Sal. Objetivos modestos en
comparación con la gigantesca tarea de derrocar la segregación en los Estados
Unidos o ganar la independencia de la India.

Sin embargo, no hay que restarles importancia. Fueron la
chispa que encendió el fuego libertario. Estas victorias le mostraron a la
gente que sus acciones importaban y podían hacer la diferencia, lo que impulsó
la participación y propulsó a estos movimientos a nivel nacional e
internacional.

Related Posts

Encuesta

Usted cree que el abastecimiento de gasolina en Venezuela es

Ver los resultados

Cargando ... Cargando ...