Opinión 03/11/2019 6:11 am

Últimos acontecimientos en la AN

Que todos acepten que sea la AN el organismo que intente
designar al CNE, para lo cual será necesario mucho diálogo y negociaciones, es
indiscutiblemente un avance

En la última reunión de la Asamblea Nacional surgieron dos
situaciones que es necesario analizar, como forma de saber “por dónde van los
tiros”, como decimos los venezolanos. Hasta ese momento, las fracciones de
diputados del gobierno y de Cambiemos, partido dirigido por Timoteo Zambrano,
habían venido actuando en función de incorporar en las agendas de las reuniones
de la Asamblea, el inicio del proceso para la designación de un nuevo Consejo
Nacional Electoral (CNE). Esta estrategia iba orientada a presionar a los
diputados de la franquicia opositora a asumir dicho proceso, pues de lo contrario
sería declarada una omisión legislativa y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ)
se encargaría de dicha designación.

Curiosamente, el punto fue incorporado a la agenda
asamblearia por la fracción de Guaidó y no por las fracciones que lo venían
manejando. Cabría preguntarse: ¿Acaso las intervenciones de los diputados
dialogantes convencieron al extremismo opositor de tomar la política con
seriedad? ¿Decidió por fin la franquicia opositora asumir las negociaciones
para cumplir la obligación constitucional de designar un nuevo CNE? Sería iluso
si respondiera afirmativamente. Las declaraciones de Guaidó no dejan lugar a
dudas de que no es ese el caso, por lo menos por ahora. Pareciera que lo que se
quiere es seguir impulsando las líneas fracasadas, mediante el refuerzo de la
política de constitución de un gobierno paralelo.

Tendríamos dos presidentes, dos asambleas, dos TSJ, dos
fiscales y ahora dos CNE, pues la AN designaría uno con su supuesta mayoría de
los dos tercios sin un acuerdo de consenso con el gobierno, que entonces
recurriría a dejar el CNE existente o a cambiarlo en el TSJ por uno previamente
acordado con la oposición democrática de la mesa nacional de diálogo. Esto
último sin duda sería una mejora cualitativa en relación a la situación que hoy
existe, pero no sería completamente aceptado por todos los sectores políticos
del país ni reconocido por quienes internacionalmente hoy apoyan a Guaidó. De
darse una elección de AN en estas condiciones, la abstención se reduciría pero
nunca en una proporción imposible de ser negada.

La otra situación sobrevenida fue la reacción de los
diputados del PSUV a la propuesta ya explicada de los opositores extremistas.
En lugar de apoyar una propuesta similar a la que ellos mismos venían haciendo,
se sorprendieron, se confundieron y procedieron a no aceptar participar en la
designación del comité de postulaciones y a abandonar el hemiciclo. No sin
antes reafirmar que la AN no había salido del desacato y que ellos designarían
el nuevo CNE en el TSJ. Esa actitud es contradictoria con su incorporación a la
AN y con la conformación de la mesa nacional de diálogo. Es meridianamente
claro de esta actitud la existencia de serias contradicciones entre el gobierno
de Maduro y el PSUV.  

Aunque las confusiones surgidas y las disputas se pudieron
resolver en pocas horas, por lo que el proceso para nombrar un nuevo CNE en la
AN continuará con participación de todos, es claro que ambos sectores
enfrentados parecen estar convencidos de que no llegarán a un acuerdo de
consenso en esta materia o, incluso, de que no desean alcanzar ningún consenso.
El gobierno parece desear que se produzca la omisión legislativa de la AN y ya
está listo para que sea el TSJ quien haga las designaciones. Los extremistas
opositores se alegrarían también de la falta de consenso en la AN y estarían
listos para designar un CNE a su imagen y conveniencia.

Sin embargo, que todos acepten que sea la AN el organismo
que intente designar al CNE, para lo cual será necesario mucho diálogo y
negociaciones, es indiscutiblemente un avance, a pesar de que unos ya estén
preparando abortar el posible acuerdo y otros se preparen para cuando esto
ocurra. De lo que no debe quedar duda ninguna es que en 2020 toca
constitucionalmente elegir a una nueva AN y eso no puede diferirlo nadie. Es
cuestión de escoger si se hace con el actual CNE o se hace con un nuevo CNE
escogido de consenso por todos.  

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